En un mundo donde la libertad está prohibida solo existen dos opciones:

elegir libremente la esclavitud o elegir libremente cualquier otra cosa.

Para ambas hay consecuencias brutales, sobre todo si no eres consciente de que siempre estás eligiendo.

La movida es que, como no existen espacios comunes para practicar esa libertad,
en el intento de ejercitarla en soledad y desaprobación, la piel se te queda en cada cosa que pasa.

Por eso en el imposible de separar el juicio de lo que acontece unx debe hacer de su hogar crisalidas, porque si no, lo de volar, se quedará en el sueño.

Hay que atravesar lo que no se quiere, pues en grandes casos, eso que dice no querer, no eres tú.

A mi ya me da igual, llevo rato desfigurada observando buitres. Yo me entregué hace tiempo, yo ya elegí.

Ahora me jodo y disfruto del incómodo y alucinante viaje turista.

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