Cómo encontrar esa libertad,
ese espacio de autonomía
en el que las voces, las imágenes y las doctrinas
pasan a ser, simplemente,
hojas que caen de un árbol marchito.

Cómo estar lo suficientemente atenta para escuchar el lenguaje qué tú hablas
y no el que te han enseñado otros.

Cómo desobedecer esas palabras con la más dulce de las sonrisas.
Así sin más,
sin tensión.

Cambiar de dueño,
obedecer a otro amo,
a esa voluntad interna que está conectada con lo no humano.

Aprender tu propio idioma y comunicarte.

Cortarle la cabeza a LOS HAY QUE y colgarla en tu salón para escuchar tus opciones.

Me doy cuenta de que una viene aquí a darse el espacio que ya le pertenece,
a reconocerlo y a vivir en él.

Qué épica hazaña
acabar con tantos dragones sin más armas que la quietud.

Ahí radica la fuerza de un guerrero, permanecer en su lugar para no perder la batalla.

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