Entender que una no ha venido al mundo a pasar de puntillas,
a estar cómoda o a escaquearse.

Comprender profundamente que la belleza de pasar por aquí está en eso mismo, en enfrentarse.

En dejarse atravesar por el amor de lo que es, sea lo que sea.

No importa si imploras de rodillas a los Dioses en el intento, pero si lo haces ponle el corazón.

Al mundo le hace falta un corazón. Y es urgente.

Da igual donde estés y lo que hagas, existe el camino.

Y sí, a veces llegar a escucharlo requiere de épicas hazañas contra la muerte.

Y otras tantas ni la muerte se acerca por temor a escucharlo.

Pero hay algo que es verdad y tiene que ser dicho: no hay otro camino que realmente sirva para algo, que recoja la belleza de una vida que se pasea desnuda para ser devorada por lo que eligió vivir.

C O R A Z O N.
Esa es la llave de cualquier puerta.

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