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El camino de salida tiene su propio ritmo

Aún sigo rodeada de negacionistas, intérpretes ocultistas e inconscientes de las verdades que nos atraviesan. Y eso me toca el corazón.

El camino de salida tiene su propio ritmo y los pasillos de acceso están llenos de espejos. Así no te escapas de nada.

Aún me rompe que el otro se esconda de lo que es en mí, en ella/él, entre nosotrxs por pura supervivencia.

Ser agredida por compartirme en coherencia con mi versión de la historia o no poder hacerlo porque el otro no puede/quiere acceder.

Recibir un ataque ciego en forma de normalidad me congela aún el cuerpo por exceso de desconcierto ante lo obvio. 

Y pensar que hoy en día hay montón de gente que dice que lo obvio no existe. Pues ese es el problema, haber perdido el norte llamándolo posmodernismo. #váyanseacagar

No poder desplegar las alas porque el otro entra en colapso, no ser vista o ser interpretada desde la visión cobarde de una herida no resuelta.

Tener que dejar de ser quien eres porque sientes que sigue siendo peligroso para ti, para todxs.

Pues sí, aún me abruma, me toca el sistema nervioso y me parte el corazón.

Estar rodeada de gente tan rota y herida me impidió usar mi agresividad por no sumar temblores a lxs sensibles.

Y eso me mató.

Me mató el límite, me mató la libertad, me mató el poder escapar del peligro. Porque es la negación de la mano que agrede y la no reparación del corazón que alcanza lo que lo hace todo tan peligroso, no la herida.

El camino de salida tiene su propio ritmo y sus últimos coletazos. Yo ya siento el duelo de estos paisajes que no me corresponden y me muevo, sin mirar atrás, usando la violencia contenida para impulsarme y llegar a la salida. 

Pd: Y si tras las puertas hubiera muerte tal y como mis miedos susurran: ¡muerte haya, más no más mierda conocida!

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