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Nunca lo pensé

Nunca pensé que abrirme de esta forma a mi dolor

me daría lo que buscaba al evitarlo.

Lo que siempre me dio miedo

se está convirtiendo en hogar,

un hogar sin muros entre mis partes,

lleno de ternura y comprensión.

Es conmovedor y desconcertante.

Ya no me ahogan las olas,

he creado algo de capacidad

para respirar a ratos debajo del agua.

Nunca imaginé que en el centro de este dolor

hubiera una cuna,

una cuna que ahora son mis manos,

unas manos que acarician y calientan mis zonas desfiguradas.

Gracias por insistir una y otra vez en la tragedia, vida mía.

Ahora entiendo tu sonrisa

cada vez que me falla la Fe.

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